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Redacción Sociedad

De     nada      sirvió    que   la  Dirección   de Salud de   Orellana convoque   a  concurso  para llenar    30  vacantes  médicas   para         la  provincia.

 Desde 2007 se buscan ginecólogos,   médicos familiares,    pediatras, epidemiólogos,   anestesiólogos. Pero  nadie   entrega       carpetas.

En 2008,  el Ministerio de Finanzas  asignó   USD  100  000 para     que Orellana   enrole       personal, pero   por falta de   postulantes, el director  provincial  de Salud,        Alfredo Amores,  devolvió   la plata.

Datos  del  Ministerio de Salud revelan    que  el déficit de    especialistas  es en todo el país y  se  agudiza en 11 áreas (ver cuadro).

Por ejemplo, solo   hay 17  médicos     especializados en el cuidado de los  adultos  mayores     (geriatras y gerontólogos).    Uno  es Nelson Jurado, quien  lleva  30 años en la medicina y  trabaja  en el  dispensario  central     del  IESS, en Quito.

Cuando    quiso   formarse en esta rama  viajó    a Brasil, en donde vivió hasta 1996.  Ahora    recibe a todos los  jubilados   del Seguro Social, que son remitidos por  colegas de otras especialidades.  “Lo  mío no es solo medicina, es psicología, nutrición,   cariño al  paciente...”.

La Universidad  Central está por abrir  un posgrado para esta área. Jurado sostiene   que   se   necesitan     2 000  gerontólogos para atender   a 998 000   personas mayores de 65 años que viven en el país.

En  Genética ocurre igual.    En  el  Hospital Baca Ortiz  trabaja  Milton Jijón, el único genetista   del sistema  de salud   pública (son 12 en el país).     Él también  viajó a Brasil para formarse.  “Somos muy pocos y se   requieren  50 más”.

Esto  hizo que  el jueves  7,   Estefanía Macías viaje a Quito    con su hija de  3  años.  Los médicos de  Portoviejo le dijeron que el único que  puede  determinar si  la niña   tiene   una enfermedad genética es   Jijón.  “Viajamos  la noche con mi madre  y mi otra hija.  Eso es  porque allá no hay médicos que saben de esto”, indica la mujer.

Una de las explicaciones para el déficit  de especialistas, según el presidente de la Federación Médica Ecuatoriana,  Eduardo Camacho,  es que los   gobiernos,  universidades y gremios  nunca     planificaron ni determinaron qué  médicos  necesita  el país.

Esto hace que   en Pichincha  existan  6 364 médicos generales y  apenas un  neuroradiólogo,   que trata  patologías vasculares.

El tema  cobró vigencia en marzo, cuando el Ministerio de Salud rompió un acuerdo  que mantuvo  por 15 años con la Asociación    de Facultades de Medicina. Eso obligó    a  que  se investigue   la  necesidad   médica  del mercado local.  “Se analiza  en qué se pueden  formar  los jóvenes, pero nada está definido”, dice  el secretario de la Federación,   Fernando Astudillo.

Por ahora,     la  ministra de  Salud, Caroline  Chang,  modificó       los cupos  para posgrados, especialmente en  especialidades  tradicionales como ginecología, obstetricia, cardiología...

Y se priorizaron  las que menos personal tienen. “Es decir, si antes había 10 cupos para ginecólogos y uno para medicina familiar, ahora es viceversa”, explica el  decano de la Facultad   de Medicina de la Universidad Central,   Milton Tapia. 

En diciembre de 2008, este centro egresó 150 posgradistas en 17 especialidades.  A fines de abril,  la  directora general de  Salud, Carmen  Laspina, distribuyó las provincias  en donde 68  médicos devengarán las becas.   A  Patricio Vargas, quien optó  por la anestesiología,   le enviaron a Galápagos. A Jonny Cevallos, una nueva anestesióloga,    le  delegaron    a
Sucumbíos. “Sabemos que en esos lugares no hay médicos  con una especialidad y  por eso  vamos por un año”,   indica  esta médica.

Los  devengantes de becas son precisamente quienes  ayudan en    Morona  Santiago.  En 2008,  el director de Salud,  José Pozo, debía contratar     165 médicos,   pero se cubrieron 104 puestos.  Necesitan seis  pediatras, seis    anestesiólogos y       ginecoobstetras.

Pastaza, en cambio,  tiene  85 médicos, aunque   el 95%   tiene formación  general.  Esto sucede, pese a que  allí  se    requiere  un internista,   un emergensiólogo,   dos   anestesiólogos.  El director provincial,   Kléver  Gavilanes,  intentó contratar al único     imagenólogo de la provincia,  pero no aceptó porque tiene  su propia consulta.

Este  déficit se   hizo evidente cuando el IESS quiso contratar  674  galenos.  El  17 de abril se incorporaron solo  257.  Datos de la  Universidad  Central revelan que hay una concentración de especialistas en las grandes ciudades.  Mientras  que  en Quito y en   Guayaquil hay 10  profesionales, en provincias hay uno.  Por ello,  Gavilanes  pide  aumentar el    sueldo de  quienes  trabajen    en ciudades alejadas. En  Pastaza, el  ingreso mensual  de un médico de  8 horas es de   USD 1  523 y se pide que llegue  al menos a USD 2 000.
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