Tiempo de lectura: 9' 38'' No. de palabras: 1534

Un 'surfer' surca el túnel de una ola veloz que nació en el peñasco. Las tablas, atrincheradas en la arena. Y una muralla de edificaciones disparejas que cubre el horizonte.

El paneo de Montañita corre como una película en las gafas de Renzo Kronfle. Camuflan sus ojos, extasiados desde 1987 cuando vio por primera vez esta playa.

Renzo es guayaquileño. Lleva un afro de los 60 y viste un estilo noventero -en su camiseta, la foto de una actriz de la serie 'Salvado por la campana'-. Tiene 42 años y desde hace 30 surfea en este lado norte de Santa Elena. Su casa huele a cemento fresco -hace una semana la terminaron de construir-.

Es casi un historiador de Montañita. Sabe que la primera hospedería fue 'El rincón del amigo', vio llegar a los primeros hippies y mochileros, vivió aquel diluvio del fenómeno El Niño del 98, que se llevó las covachas de caña y cade... Y conoce a Primitivo Rosales.

Nacido en este lado del Pacífico por 1935, 'Don Primi', como le llaman, es el comunero más viejo. No fue pescador ni surfista. Fue agricultor, como todos los antiguos nativos. Creció entre cultivos de zapote y chirimoya, entre la toquilla y la tagua que cubrían los cerros.

"Cosechamos hasta el 65, cuando vino la sequía". Muchos emigraron y el pueblo empezó a morir, hasta que dos gringos llegaron con sus tablas salvadoras. "Por aquí el mar siempre fue bravo, por eso no había pesca. Pero ellos hacían piruetas en los tumbos de agua".

Así creció el tsunami que revivió a Montañita. Pasó de un pueblo de 20 casas, como se ve en una vieja foto colgada en casa de don Primitivo, a la capital mundial del surf, con 4 200 habitantes y 197 hoteles y hostales -hay habitaciones desde USD 7 hasta 250 la noche-.

Sobre la misma vereda se puede ver a un alemán, un americano y un jamaiquino charlando de Bob Marley. O a un argentino gritando frente a un guayaco el gol que Boca Juniors le hizo al Barcelona.

"Es como las Naciones Unidas, solo que con surf y muchos pibes en buena forma", bromea la argentina Alejandra Fernández frente a su puesto de artesanías, rastas y tatuajes, en la calle 15 de Mayo.

En esa calle vive don Primitivo, junto a la iglesia San Isidro Labrador, patrono de los agricultores de Montañita. Cerca confluye una corriente de culturas, marcadas en rótulos alucinantes de bares y hoteles: Piano piano, Moctezuma, Robinson Crusoe, Carpe Diem...

El Dharma es el último hotel de la comuna. Es el Taj Mahal de Montañita. Su dueño, un americano de ascendencia iraní, le dio un diseño hindú, con cúpulas salpicadas de murales arabescos. "Dharma significa vida eterna, descanso. Lo contrario del karma, el peso eterno", dice el administrador Miguel Rojas mientras muestra una de las 18 místicas habitaciones.

Primitivo también es hotelero, solo que más modesto. En su vivienda adecuó cuartos para alquiler. "Aquí vivió el gringo Andrés, que hacía tablas. Él dijo que Montañita se haría como ese pueblo, Hawái, que era chico y se llenó de edificios. El gringo tenía razón".

Los primeros 'surfers' El sol de la tarde dibuja cuatro siluetas robustas en casa de Renzo. Se acerca a una y la abraza; está rociada con cera fresca.

Por sus manos han pasado 30 tablas. Su favorita es esa, de balsa, tallada a mano por el 'shapper' Rasty, uno de los primeros diseñadores locales después del gringo Andrés.

Tiene grabada la máscara del Sol de Oro, de las extintas ayoras de 50 sucres. Aunque para su amigo, un pintor sudafricano que está de paso por Ecuador, solo se parece a Renzo, por su esponjada cabellera.

Desde el balcón de madera, donde se seca un lienzo fresco del sudafricano, se ve La Punta. En este rompeolas de rocas porosas por la sal nació el surf en Montañita. De ahí surgen las olas 'break-point', rápidas, de hasta dos metros de alto.

A sus 55 años, Beto Dapelo las enfrenta sin miedo, como lo hizo en 1983. En ese año fue campeón del primer torneo de surf en Ecuador, la copa Hawaiian Tropic.

20 años atrás, por los 60, la palabra surf era extraña. Hasta que el peruano Pity Block dominó las olas de Santa Elena y heredó una tabla a un grupo de guayaquileños.

"Pero aquí, en Montañita, los pioneros fueron el gringo Robinson y Álex Olsen. Viajaron en avioneta y desde el aire se dieron cuenta de estas olas estupendas", dice Dapelo. Eso fue en 1968, cuando para llegar a este paraíso había que atravesar ríos y manglares.

Hoy está a 180 km de Guayaquil, en la turística Ruta del Spondylus. Y es la sede de las 25 delegaciones del Mundial de Surf 2013. Yasuto Shimiza lo supo por Internet. Este japonés tomó su tabla y viajó en avión por casi 18 horas.

Bastó un mes en Montañita para que el tono pálido de su piel desaparezca. Y para que aprenda algunas frases trabadas, como 'buena ola', en una de las escuelas de español intensivo de la comuna.

Aquí las tablas no solo sirven para surfear. Son obras de arte, que fusionan la cultura hawaiana con la ancestral, la de Valdivia. Algunas dan forma a letreros que promocionan mojitos y 'sex on the beach', otras 'tótems' de caoba.

Esa brisa bohemia guiará desde hoy a Dapelo desde hoy para alcanzar el gran kahuna, una de las cinco categorías del Mundial de Surf. Según la cultura hawaiana un kahuna es un experto, un maestro.

Turismo y contaminación En diciembre, cuando le dieron una tabla al presidente Rafael Correa -enlace 291- rellenaron con arena una parte de la playa. Fue justo frente a la casa de Renzo.

Un mes después se declaró en emergencia al pueblo por el colapso del alcantarillado, un proyecto que se aplazó desde el 2008 y que ahora está en manos del Ministerio de la Vivienda. El amanecer enceguecedor del turismo -solo por el Mundial se espera que lleguen de 5 000 a 10 000 visitas por día- terminó en un ocaso ambiental.

El oleaje de extranjeros es intenso y los precarios servicios básicos no dan abasto. Eso sumado a la resaca de ministerios de Gobierno, con obras aceleradas.

En estos días, caminar por la zona es más extremo que enfrentar una ola. Hay que esquivar alcantarillas destapadas, saltar charcos de brea y respirar profundo antes de pasar por el estero Chicharrón.

Su contaminación no es reciente y Renzo lo sabe. En 2009 la Prefectura de Santa Elena hizo redes y cajas recolectoras. Pero no incluyó un sistema de tratamiento y los residuos desembocaron en el estero.

Para remediar el daño, ahora es investigado por la Fiscalía, el Ministerio del Ambiente colocó bacterias para descomponer los desechos, un plan que duró nueve días.

"Una gringa también lanzó bacterias hace chance y nada", recuerda Renzo mientras se saca las gafas. Con ellas se diluye el espejismo de Montañita, que nació por 1930 rodeada por tres ríos, hoy reducidos a escuálidos riachuelos.

Collares y pañoletas para perros

No tienen tablas pero disfrutan del agua salada. Sus huellas están estampadas en la arena mientras juegan de regreso a casa.

Esa es la rutina de cuatro perros boxers privilegiados, que viven vacaciones eternas frente al mar de Montañita. Aunque ya no salen tan libremente, al menos no sin collares o pañoletas.

El 21 de marzo, la  Empresa Municipal de Aseo de Santa Elena (Emasa) hizo un operativo en la comuna para capturar perros callejeros. Así lo acordó dos días antes el Comité de Operaciones de Emergencia cantonal, según el Ministerio del Ambiente.

La ‘limpieza’ de perros por el inicio del Mundial de Surf causó una resaca en las redes sociales, con imágenes de perros abandonados en el basural El Palmar.  

Protección Animal Ecuador (PAE) y otros organismos de defensa animal denunciaron este tipo de captura. Y en una reunión del 27 de marzo llegaron a un acuerdo con Emasa para adecuar un espacio en Montañita para el traslado de los perros.

La Ley de Tenencia Responsable de Mascotas (2009) puntualiza en su artículo 6 que está “prohibido abandonar o mantener perros en lugares que se encuentren en estado de aislamiento”, “sin cuidado ni alimentación”.

No obstante, el pasado martes, el presidente Rafael Correa confirmó que seguirán estos operativos. “Hay que liberar de los animales callejeros, no solo a Montañita, sino a todo el país. Eso es rabia, eso es sarna, son heces fecales, piojos, pulgas”.

En contraparte, PAE propuso la campaña SOS para identificar, vacunar, desparasitar, esterilizar y conseguir hogar a perros y gatos sin dueño. Por ahora los perros se acoplan al ambiente multicolor de Montañita. La mayoría lleva collares o pañuelos de tonos fosforescentes, con un aire hippie.

“Es para salvarles la vida”, dice  Kelly, una turista española.

Califique
2
( votos)