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Quizás todo esto de la red de guardianes de semillas empezó porque Ernesto Pfafflin tenía la costumbre de recoger semillas para hacerlas producir en su huerto o las regalaba a otros que hacían lo mismo. “Cuando veía una mata con semilla buena, que podía ser útil, la guardaba en un frasco de cristal”, cuenta mientras se sirve una colada con maíz tostado, hecha con los insumos que cultiva en su huerto de Tumbaco, escriturado como El Moro.

Es el último domingo de julio y el huerto de Ernesto recibe la visita de unos 40 guardianes de semilla de todo el país. Entre una y otra cucharada de la sopa con maíz, Ernesto habla de los productos autóctonos de los Andes que simplemente dejaron de sembrarse. Enumera el miso (Mirabilis expansa), la jícama (Smallanthus sonchifolius), entre otros productos que ahora crecen en su tierra y alimentan a su familia.

“El miso es un tubérculo que resiste al exceso o escasez de agua y que crece hasta los 3 500 metros”, explica y añade que es mejor que la papa porque aguanta mejor a los hongos y no necesita químicos. Habla también de las bondades de otro tubérculo perdido, la jícama. “Tiene 80% de agua y si se lo deja unos días al sol adquiere propiedades endulzantes”.

Ernesto es el más veterano de los guardianes de semillas. Tiene 58 años y se presenta como nativo de Alemania. A inicios de los noventa, este hombre y su familia compraron una parcela de tierra en Tumbaco y empezaron a producir frutas, vegetales y hortalizas para su consumo. “Empezamos con esto de la permacultura (desarrollo autosustentable) y nos juntamos poco a poco con otros ecologistas de corazón”, dice.

Ernesto tenía las credenciales de agrónomo porque había estudiado en su país agricultura tropical y sabía todo sobre el cultivo de cacao, caña de azúcar, café… Llegó a Ecuador en 1978, con un proyecto de cooperación alemana y trabajó con los paperos del Carchi. Quería en verdad volver a Argentina donde había pasado su infancia, pero tanto le gustó Ecuador que su estancia de dos años se ha extendido hasta ahora.

El tema de las semillas surgió hace una década, porque Ernesto y sus amigos de Tumbaco se dieron cuenta de que los productores cada vez tenían menos vínculo con las semillas y dependían de las semillas mejoradas o hibridizadas que les entregaba el Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (Iniap).

El inicio oficial de la red fue la visita de Michel Fanton, fundador de la Red de Protectores de Semillas de Australia (Seed Savers Network), quien les donó USD 2 000 para arrancar con el proyecto.

El banco de semillas se ha ido convirtiendo con los años en un banco vivo, porque las semillas están en los huertos de sus guardianes. Unas pocas, catalogadas por su origen y fecha de recolección, están guardadas en la casa de Ernesto, junto con las semillas de antaño que el alemán aún conserva en sus frascos de cristal.

El inventario del banco supera las 3 000 semillas recogidas, de unas 20 ó 30 variedades. Los guardianes a veces se ponen en alerta porque se declara la emergencia para alguna semilla que empieza a escasear. Hace poco ocurrió con la romana roja, una especie de lechuga morada que vino del banco de Australia.

Con la alerta emitida, los guardianes piden a sus similares que entreguen las semillas que tengan a mano o les piden que vayan a recolectarlas en los huertos para evitar la pérdida de la especie.

Los guardianes que comparten el almuerzo dominguero en el huerto de Ernesto vienen cada verano para participar en la asamblea anual y hablar de desarrollo sustentable. Este año la mejor experiencia fue el cultivo de arroz con pato. Un guardián manabita replicó esta técnica japonesa en Calceta y puso a patos junto al arroz para garantizarse el abono.

Al final de la jornada los guardianes intercambian semillas y hacen una casa abierta para pequeños productores. Por eso tras la sopa de maíz hubo una limonada orgánica que hace una vecina de Tumbaco, con los limones del huerto de Ernesto.

SEMILLAS prerdidas Los guardianes han detectado por lo menos tres con menos producción

Jícama  (Smallanthus sonchifolius)

Esta raíz  crece entre los 2 000 y 3 000 m de altitud

Esta raíz o tubérculo andino posee gran     potencial medicinal  porque contiene pocas calorías y es un edulcorante natural. A  diferencia de otras raíces  y tubérculos que almacenan carbohidratos en forma de almidón,  esta lo  hace en oligofructosa, un elemento que no es metabolizado por el organismo humano y que resulta ideal para el consumo de los diabéticos. Sus hojas también tienen propiedades medicinales.

Bledo  (Amaranthus tricolor)

Una hoja  nutritiva que se parece a la espinaca

El amaranto, desde tiempos prehispánicos se ha usado para asuntos medicinales. Las hojas se utilizan  para infusión contra la diarrea por su valor nutritivo (tiene proteínas, vitaminas, minerales, aminoácidos, fibra y grasas). En el país, el bledo     ha sido relegado del consumo humano y sirve para alimentar a cuyes y conejos. Pero la hoja es un buen insumo para ensaladas porque su sabor se parece a la espinaca.

Miso o mauka  (Mirabilis expansa)

Un tubérculo que crece hasta los  3 500 m de altura

En Ecuador es conocido como miso y en Bolivia como mauka, pero es un tubérculo que se da en toda la región andina, según los botánicos. Resiste al exceso o escasez de agua y  crece hasta los 3 500 metros de altura. Es una especie de papa dulce o camote  que tiene entre sus principales beneficios que resiste a los hongos, con lo que no se necesita químicos para su producción, como ocurre con la papa.


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